El Perfumo famoso

Hace un mes más o menos, en el aeropuerto de Buenos Aires, se me acercó una chica y me preguntó:

-¿Vos sos Cristian Perfumo?

Le dije que sí con timidez, temiendo que fuera una acreedora.

-¿Me firmás el libro?

Hasta ese momento, no me había dado cuenta de que ella tenía en la mano El secreto sumergido.

-Sí -le dije, riéndome.

-Si no te molesta -agregó al notar mi carcajada-. A lo mejor estás cansado de que te lo pidan todo el tiempo.

-No, para nada. Me río porque en este momento me siento un famoso.

-¡Es que sos famoso! -me respondió.

Me reí más fuerte todavía. ¿Famoso yo?

Lo cierto es que el comentario de la chica me dejó pensando. La fama es relativa. Para ella, que se llevaba mi novela en el avión para leerla durante sus vacaciones, soy famoso. Para Jorge Drexler, en cambio, soy un pesado más que le lleva un libro de regalo a un concierto y se lo hace llegar a través de una de las personas de la organización (¿se lo habrá dado?).

En fin, como verán, el texto de hoy va de la fama. Pero no de la mía (carcajadas aquí), sino de la de otro Perfumo.

La mayoría de mis lectores argentinos ya estará pensando en Roberto "el Mariscal" Perfumo, un gran jugador de fútbol de las décadas de los 60 y 70. Tal es la fama de este hombre en Argentina que una vez, en el control de pasaportes para entrar al país, el agente de migraciones me preguntó si éramos parientes.

Pero no, tampoco voy a centrarme hoy en el Mariscal.

Hoy quiero hablarles de Oscar Américo Perfumo, aunque en la familia lo conocemos como el "tío Cacho". Cacho Perfumo se hizo famoso cuando ya pasaba los 80 años, aunque sospecho que todavía sigue sin saberlo. No escribe libros ni juega al fútbol. Cacho es famoso por ser la postal viviente que representa al hombre de campo en Argentina. Si hubiera una entrada en el diccionario para "hombre rural de la pampa húmeda", saldría la foto de Cacho.

Cacho Perfumo es mi tío abuelo. Nació y vivió toda su vida en Uribelarrea, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. "Uribe" es un lugar en el que estuve pocas veces, de niño, pero del que todavía recuerdo vívidamente el zaguán alto para entrar a la casa de la abuela Rosa (la mamá de Cacho y de mi abuelo), un comedor viejo, con techos altísimos y gallinas y patos en el fondo. Aunque, si tuviera que decir cuál es el recuerdo más nítido, sin duda es una máquina que tenía Cacho para moler maíz. Era un molinillo manual, parecido a una picadora de carne, con una manivela que yo no me cansaba nunca de girar.

Esa máquina de moler maíz es la conexión más fuerte que tengo con el tío Cacho. Lo curioso, y precioso, es que él también recuerda mi afición por ese aparato. Hace poco, mi papá lo fue a visitar y le dijo "Mandale saludos a Cristian y decile que venga a moler maíz".

Pero volvamos a su fama. Cacho empezó a cobrar notoriedad a medida que la gente de la ciudad de Buenos Aires empezó a encontrar en Uribelarrea un destino pintoresco. Según me cuentan, hace ya varios años que los fines de semana el pueblo se llena de turistas que van a comer a alguno de los restaurantes tradicionales. Uno de ellos, ubicado al lado de la casa de Cacho, supo ser el "boliche" de mi bisabuela Rosa.

El porteño parece haber encontrado en Uribelarrea la quintaesencia del pueblo de campo. Y en Cacho, la de sus pobladores.

-Cacho es famoso -me dijo mi tío Sebastián hace unos años.

-¿Cómo famoso?

-Sí. Se sienta en la puerta de su casa y los turistas le sacan fotos. Algunos hasta le dejan plata.

Recuerdo que en aquel momento pensé: "Si los turistas le sacan fotos, seguro que las suben a las redes sociales". Y me puse a buscar en Facebook, Instagram, Pinterest, etc.

Bueno, resulta que en internet hay un montón fotos de Cacho. Busquen "Don Perfumo Uribelarrea" y vean.

Pero lo que más me llamó la atención es que hay fotos de él que son preciosas. Realmente profesionales. Algunas incluso fueron presentadas a concursos internacionales de fotografía. Como esta, de Luis Alberto Franke, presentada al Salón internacional de Fotografía Panameño.



O estas dos, de Gustavo de Paoli:



O estas, de Ricardo S. Spinetto y Andrea Squaglia respectivamnte:



O esta de Mario Masaccessi:



O esta de Christian Grosso:



Incluso hay un meme en Facebook que (con errores en el texto y todo) fue compartido más de 17.000 veces:



Hay muchas imágenes más. Para mí, una más preciosa que la otra. En cada una de ellas lo veo a él, pero también veo a mi abuelo, su hermano. Y sonrío.

La verdad es que no compartí tanto tiempo con el tío Cacho como hubiera querido. La vida a veces es así. Pero todavía estoy a tiempo. Como dijo mi tío Sebastián "Cacho es Highlander". A pesar de que tiene más de noventa años, de que tuvo Covid cuando todavía no existían las vacunas y de que fuma como una chimenea, el tío Cacho sigue firme.

Ojalá en mi próximo viaje a Argentina pueda ir a visitarlo. Ya no moleremos maíz, pero seguro que nos sacamos una foto.

Un abrazo para todos. Y especialmente para mi tío, el famoso.

Cristian

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